miércoles, febrero 15, 2006

Amor sin título aparente

(En breve: de la historia del amor congelado en la nevera, y de esas ocasiones en que se nos ahoga el (te amo) en el pecho, les advierto que no es NADA melosita está historia)

Café, cigarros, ya no sé que hacer para espantar el sueño. Cada noche vuelve con sus violentas alucinaciones, irreales o reales, ya no sabría decirlo. Llevo un mes sin dormir bien, duermo cuando me vence el cansancio. O tal vez es que vivo en un sueño eterno, no he dormido más de una hora seguida, pero a cada momento llevo el peso de la terrible certidumbre de quedar atrapado.

Pálido, como mi vida, esta mi faz, mis ojos están perdidos en un mar de miedo, contrastan con mi rostro, parecen de un vidrio antiquísimo y amenazan reventar en llanto, aún el brillo de mis labios se ha perdido, gradualmente se ha degenerado el suave color rosa un morado luctuoso, agrietados dejan escapar la bocanada de humo a veces lloran sangre, a veces balbucean frases paranoicas.

Te asesiné un jueves, cuando descendías hacia la cocina, mi mano no pudo contener su salvajismo, tomó tu cuello, te levantó en vilo y estrelló sin asomos de remordimiento tu cabeza contra el ángulo de la ventana, rápidamente una sustancia roja escurrió hacia el suelo, después una sustancia gris y viscosa, tus ojos se apagaron al instante. Abracé tu cuerpo inerte, y lloré hasta casi morir deshidratado. Dando tumbos arrastre tu cuerpo a la cocina, lave la sangre seca y con precisión infinita dividí tu cuerpo.

Aún lo recuerdo como si fuera ayer, aún tengo nausea al recordar la sangre fresca. Basta con abrir mi refrigerador para mirarte de nuevo, de ti solo queda medio cuerpo, tuve que alimentarme con tus generosas piernas, aún conservo tu tórax, tus brazos. Tu cabeza en el congelador con las facciones tiesas y pálidas, igual que las mías. En tus labios tumefactos he puesto un cigarro para que lo fumes, pero ni lo has encendido, lo despreciaste y ha caído de al piso del congelador y tuve que golpearte, ni dolor expresaste, eso me enfureció mas…Pero te perdono, si no quieres fumar respeto tus ganas de vivir mas años, se ve que te gusta la vida de congelador.

El día que te conocí te advertí que lo nuestro no iba a durar, pero te enamoraste de mí, no te alteraste el día que te dije que te comería, hasta pensé que te gustaba la idea porque sonreías con sorna. ¿Acaso no aprecias mi buen gusto? ¿Por qué ahora eres tan fría conmigo?

¿Sabes? de niño fui autista, sabía como hablar pero no me interesaba hacerlo. A los 5 años intenté asesinar a mi padre, no puede hacerlo, tuve que esperar a que mi cuerpo desarrollara su fuerza descomunal para poder cumplir mi cometido. Mi madre tampoco se salvó. Fueron mis primeras víctimas.

Decidí dejar mi autismo cuando te vi caminando frente a mi puerta. Me convertí en una sombra que perseguía cada paso, fui tu celador, igual que mis anteriores víctimas, solo que a ti no quise asesinarte sin antes conocer el secreto detrás de tu sonrisa eternamente sardónica. Maldita. Esa fue mi perdición. Sabe ahora que nuestro encuentro no fue casual, conocía tu itinerario, y hasta podía predecir tus cambios de ánimo. Así que ese día que estabas sola y deprimida (como cada lunes) había decido yo atacarte. Te platiqué horas siendo que nunca en mi vida había usado las cuerdas bucales, te fascinó mi verbo prodigioso, y deseaste amarme con tanta fuerza que al segundo día que salimos ya me amabas.

Este mes tu figura en el congelador me ha despejado toda duda: tú eres la causa de mis pesadillas ¿Acaso sabes cuan tormentosa es? O mejor aún ¿Sabes cual es mi pesadilla?... Generalmente después de asesinar soñaba con mi víctima, mi mente recreaba cada golpe, la disección del cuerpo, es decir dulces sueños. Pero la noche que cayó después de tu muerte fue distinta: Después de que descendías de la escalera -hacia la cocina- mi mano se volvió pacífica, y en vez de tomar con barbarie tu cabeza la acarició, te deseé, recorrí tu cuerpo con mi mano, te desnudé y admiré cada palmo de tu cuerpo, delicadamente besé todo tu cuerpo y te recité poesía melosa y espontánea, te miré a los ojos y mi corazón palpitó por primera vez en mi vida, ¿Sabes el clímax de la pesadilla? Fue cuando te dije sinceramente (te amo); ¡paf!, desperté llorando de indignación, y desee el suicidio tanto como ahora. ¿Entiendes mi temor a dormir ahora?.

No queda otra salida, el filo la luz del refrigerador recorrió toda la navaja, iluminó con más intensidad la punta y al final adquirió un brillo parejo, mortal. De un tajo cerceno mi cuello, un <<ay>> escapa involuntario, mi cabeza tomada por el pelo es colocada por mi cuerpo en el congelador, junto a la tuya ¿sabes? He decidido vivir a tu lado hasta que nuestros cráneos se deshagan.

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Pd: esta es una historia que me gusto mucho cuando la lei ya hace un tiempo; no es mia pero la publico porque es interesante.

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