No. Hoy no. Hoy no tomaré mi cálido café para calentar mi paladar y saborear mi pensamiento.
No. Hoy no.
Hoy no pensaré en mi vida como sucesión continua;
como collage de emociones y sentimientos que tengo que solucionar; pendientes, compromisos, recuerdos, preocupaciones, citas, planes, anhelos, metas y sueños…
sobre todo eso: sueños.
Hoy no..
Se esconde detrás de un paraje gris un cielo cóncavo
que me permite mirar la vía de un sol que día a día acompaña de oriente a poniente a este cuerpo,
ése que hoy siente la estabilidad de quien,
ante sus propias decisiones,
opta por reinventarse con cada salida y resguarda del astro supremo.
Hoy es gris, hoy no te veo.
No me deprime, al contrario;
me cubre, me envuelve, se mete hasta el más recóndito de mis pensamientos;
me hace sentir que la vida misma se gesta dentro de las entrañas de esos densos nubarrones,
que, como una descarga de intensas emociones,
impactará contra el suelo el mágico contenido que se creó allá arriba a cientos de metros de mi cabeza.
Extiendo la mano.
Siento una gota.
Miro hacia arriba intentando descifrar qué más hay,
con cara de franca extrañeza intento enfocar para ver si es que “ese algo más” existe.
Nada.
El blanco cielo entretejido por cuerpos blancos me impide ver el inicio y el final de sus elementos,
como si estuviesen extendidos en un tapiz conformado por danzantes hilos intangibles pero visibles.
Es ahí cuando vuelvo,
cuando me incorporo,
cuando me pregunto si en este efímero instante,
esa esencia de tu sutil y lejana presencia aún acompaña mis días grises.
No. Hoy no.
Hoy no pensaré en mi vida como sucesión continua;
como collage de emociones y sentimientos que tengo que solucionar; pendientes, compromisos, recuerdos, preocupaciones, citas, planes, anhelos, metas y sueños…
sobre todo eso: sueños.
Hoy no..
Se esconde detrás de un paraje gris un cielo cóncavo
que me permite mirar la vía de un sol que día a día acompaña de oriente a poniente a este cuerpo,
ése que hoy siente la estabilidad de quien,
ante sus propias decisiones,
opta por reinventarse con cada salida y resguarda del astro supremo.
Hoy es gris, hoy no te veo.
No me deprime, al contrario;
me cubre, me envuelve, se mete hasta el más recóndito de mis pensamientos;
me hace sentir que la vida misma se gesta dentro de las entrañas de esos densos nubarrones,
que, como una descarga de intensas emociones,
impactará contra el suelo el mágico contenido que se creó allá arriba a cientos de metros de mi cabeza.
Extiendo la mano.
Siento una gota.
Miro hacia arriba intentando descifrar qué más hay,
con cara de franca extrañeza intento enfocar para ver si es que “ese algo más” existe.
Nada.
El blanco cielo entretejido por cuerpos blancos me impide ver el inicio y el final de sus elementos,
como si estuviesen extendidos en un tapiz conformado por danzantes hilos intangibles pero visibles.
Es ahí cuando vuelvo,
cuando me incorporo,
cuando me pregunto si en este efímero instante,
esa esencia de tu sutil y lejana presencia aún acompaña mis días grises.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario