jueves, febrero 16, 2006

Besos desesperados

Son casi las dos de la mañana y aùn no puedo dormir, mi respiración cada vez es más corta y los latidos de mi corazón cada vez más silenciosos y lentos, pareciera que este es mi fin.

Afuera me asomo y no hay luz, el cielo está repleto de espumosas nubes que cubren la luna y las estrellas, las casas de al rededor tienen todas sus luces apagadas, la penumbra invade mi habitación.

El reloj ha dado las dos de la mañana y sigo pensando en ti, te asecho con el pensamiento y devoro con el corazón; han emergido los recuerdos que vienen y se apoderan de mi mente, de mi cuerpo y hasta de mi espacio.

Cierro los ojos y tu boca se hace presa de mi aliento; tus dedos entrelazan los míos abriendo espacio para un abrazo que descubre la profundidad de entre mis huesos. El canto de los ángeles nos arrulla en el viento.

Abro los ojos y mis manos están temblando, mis labios sedientos de los tuyos, mi cuerpo necesitando el tuyo y reconozco que te extraño como nunca.
Y mueren los ángeles... y mueren las almas... y mueren los muertos en tan solo una mirada...


Sin más ni nada que decir, sin una luz que se ahogue en mi ser, sin tu murmullo augurándome la mirada, estoy aquí, paciente en tu espera...

Abro los ojos... (suspiro)

- Ay dios mío, otra vez soñé contigo.

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